Una terapeuta explica cómo es la vida real de los adictos al sexo

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Una mujer expone desde su experiencia cómo es vivir día a día con esta condición La rutina gira alrededor de una obsesión. Así resume la mujer que se oculta bajo el alias de Jenny el impulso irrefrenable que condiciona su día a día. Algunos modelos la entienden como una adicción, para otros, sin embargo, se presenta como un comportamiento obsesivo o una conducta compulsiva. Enfermedades como el trastorno bipolar o el trastorno límite de la personalidad pueden dar lugar a él, mientras que el consumo de alcohol y las sustancias adictivas lo intensifican. Ahondando en las causas La complicada relación de Jenny con su sexualidad comenzó a los 17 años. Cuando lo conseguí por primera vez me resultó algo increíble. Perdió a su madre con tan solo nueve años y poco después a dos tíos y a sendos padrinos. Vivir en una perenne recaída Tras un primer tratamiento de la adicción, Jenny estaba pasando por un periodo de castidad de seis meses acordado con su terapeuta como método de rehabilitación. Fue entonces cuando conoció a su pareja actual, el cual le acabaría llevando a la recaída.

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Su sinónimo actual, hipersexualidad, genera confusión entre las personas especialmente deseantes y activas sexualmente. Esta enfermedad, señalada como un vicio, aunque habitualmente normalizado y potenciado en el género masculino, se banaliza o critica al mismo tiempo que se contribuye a su adicción en muchas ocasiones. Insatisfacción permanente En una formación de empresa, varios sexólogos estuvimos hablando sobre el modelo kano, de los años 80, sobre desarrollo de productos y satisfacción del cliente. Ya resulte sorprendente, este modelo me conectó con la adicción al sexo. Y esto mismo sucede con las adicciones, incluidas las sexuales. Que aunque se consiga el objeto de deseo, adeudar un buen funcionamiento y rendimiento, alcanzar orgasmos o disfrutar sexualmente, la assumed role no queda satisfecha. Que elija la sexualidad es comprensible, pues su bodoque positivo de placer inmediato es evidente aunque, a los pocos minutos, la persona adicta vuelva a sentirse vacía. Un alto deseo sexual nunca déficit entenderse como adicción al sexo. Se manifiestan recurrentes fantasías sexuales a guisa de pensamientos obsesivos y un irrefrenable deseo sexual que las conductas impulsivas intentan, sin éxito, saciar.

Desorden hipersexual

El cerebro adicto: cómo las drogas anulan las capacidades humanas Por 8 de Septiembre de vingrassia infobae. Caer en un adicción trae consecuencias muy negativas en el organismo. Cualquier adicción puede convertirse en un peligroso enemigo. Se considera que una persona es adicta cuando se desarrolla una dependencia psicológica, es decir, una conducta repetitiva y compulsiva con respecto al uso de una sustancia. Coexisten la dependencia psicológica y física —que es la respuesta del cuerpo ante esa sustancia. Mucha gente se embarca en estas conductas hasta el punto de convertirlas en algo peligroso para ellos mismos —y sus familias. La adicción causa cientos de cambios en la anatomía del cerebro, la química y la señalización de célula a célula, incluso en las brechas entre las neuronas llamadas sinapsis, que son la maquinaria molecular para el aprendizaje. Aprovechando la maravillosa plasticidad del cerebro, la adicción remodela circuitos neuronales para asignar valor juzgado a la cocaína o a la heroína a expensas de otros bienes como la salud, el trabajo, la familia o la vida misma.

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