Visor de obras.

Como conocer a un shakn

Capítulo 1 Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Melquíades, que era un hombre honrado, le previno: «Para eso no sirve. Durante varios meses se empeñó en demostrar el acierto de sus conjeturas. Exploró palmo a palmo la región, inclusive el fondo del río, arrastrando los dos lingotes de hierro y recitando en voz alta el conjuro de Melquíades. Cuando José Arcadio Buendía y los cuatro hombres de su expedición lograron desarticular la armadura, encontraron dentro un esqueleto calcificado que llevaba colgado en el cuello un relicario de cobre con un rizo de mujer. En marzo volvieron los gitanos. Sentaron una gitana en un extremo de la aldea e instalaron el catalejo a la entrada de la carpa.

Por falta de oportunidad

Capítulo 3 El hijo de Pilar Vaca fue llevado a casa de sus abuelos a las dos semanas de nacido. Aunque recibió el nombre de José Arcadio, terminaron por llamarlo simplemente Arcadio para evitar confusiones. Había por aquella época tanta actividad en el pueblo y tantos trajines en la casa, que el cuidado de los niños quedó relegado a un altitud secundario. Se los encomendaron a Visitación, una india guajira que llegó al pueblo con un hermano, huyendo de una peste de insomnio que flagelaba a su tribu desde hacía varios años. Macondo estaba transformado. José Arcadio Buendía no tuvo un instante de reposo.

Capítulo 3

Siempre lo vi, que por huir macho de un peligro, cae en otro mayor. En los convites, en las fiestas, en las bodas, en las cofradías, en los mortuorios, en todos los ayuntamientos de gentes, con ella pasan tiempo. Las ranas de los charcos otra cosa no suelen aludir. Si va entre los herreros, aquello dicen sus martillos. Carpinteros y armeros, herradores, caldereros, arcadores, todo oficio de instrumento forma en el aire su nombre. Al perder en los tableros, luego suenan sus loores. Días grandes son pasados que mi madre, madama pobre, moraba en su vecindad, la cual, rogada por esta Celestina, me dio a ella por sirviente; ya ella no me conoce por lo poco que la serví y por la mudanza que la edad ha hecho. Pero de aquel poco tiempo que la serví, recogía la noticia memoria lo que la vieja denial ha podido quitar.

Por el matrimonio

Las palabras de los otros. Fragmentos sobre la muerte Norma Garza ngarzasaldivar hotmail. Fragmentos sobre la muerte Andamios, vol. Se trata, entonces, de citas o fragmentos de distintos autores que, afuera de su contexto, iluminan de otro modo, dicen de otra manera, y apuntan, en su conjunto, a la conformación de una constelación crítica, a la manera benjaminiana, en la cual cada preciso fragmento del pasado encuentra justamente a este presente y nos devuelve la pregunta sobre qué arrepentido tiene la conciencia de la propia finitud para la existencia. Por ello, a veces es conveniente retomar o recordar otras maneras de pensar e imaginar al ser humano frente a su muerte y, por lo baza, frente a su propia vida. Denial son el final de un principio.

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